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lunes, 13 de junio de 2011

PARÁBOLA DEL CAMELLO


Un Maestro viajaba con uno de sus discípulos.

El discípulo era el encargado de cuidar del camello.

Ya de noche, cansados, llegaron a un campamento de caravanas. Era tarea del discípulo atar el camello, pero no se preocupó por ello y lo dejó suelto al otro lado de la cerca.

Simplemente hizo un plegaria a Dios: "Cuide del camello", y se durmió.

Por la mañana, el camello había desaparecido, había sido robado o sencillamente había huido.

El Maestro le preguntó: "¿Dónde está el camello?.

Y el discípulo respondió: "¡Yo no lo sé!. Pregúntele a Dios. Yo le dije a Dios que cuidara del camello, me encontraba tan casado que no sé lo que pasó. Y tampoco soy responsable porque ¡se lo dije a Dios bien claro!. Usted Maestro siempre nos dice: "confiad en Dios", ¡y yo confié!".

El Maestro lo miró y repuso: "Confía en Dios, pero ata siempre tu camello antes, porque Dios no tiene otras manos que las tuyas".

                                                                                         Anónimo

Querid@s amig@s con esta hermosa parábola deseo que veáis que siempre se le ha de pedir a Dios aquello que se necesite, pero que no olvidéis poner de vuestra parte para que la petición que hayáis hecho pueda realizarse.

Un@  ha de ser siempre responsable de sus actos y no intentar echar la culpa ni a Dios, ni a otras personas.

              Belén Liébana



domingo, 27 de marzo de 2011

PARÁBOLA DEL AGUILA


     Érase una vez un hombre que, mientras daba un paseo por el bosque, descubrió un águila joven. Se la llevó a su casa y la dejó en el corral, donde el animal pronto aprendió a alimentarse con el pienso de los pollos y a comportarse como ellos .

Un  día un naturalista que pasaba por allí le preguntó al propietario cómo era posible que un águila, un pájaro real, pudiera estar encerrada en el corral con los pollos.

-Como la he alimentado y educado como a un pollo, nunca aprendió a volar - respondió el propietario. Se comporta como un pollo, así que ya no es un águila.

-Sin embargo - insistió el naturalista-, tiene corazón de águila y seguramente puede volar.

Después de una larga discusión, los dos hombre se miraron y se decidieron a descubrir si aquello era cierto.

El naturalista con mucho cuidado, tomó al águila entre sus brazos y le dijo:

- Perteneces al Cielo, no a la Tiera. Abre tus alas y echa a volar.

Sin embargo, el águila parecía deconcertada; dudaba sobre su auténtica naturaleza y, al ver comer a los pollos, dio un salto y se unió a ellos.

Al día siguiente, sin desanimarse, el naturalista subió al águila al tejado de la casa y le repitió:

- Eres un águila. Abre tus alas y vuela.

Pero el águla, tenía miedo del mundo y, a la vez, de su propia identidad, desconocida para ella, y volvió a bjar a comer con los pollos.


Al tercer día, el naturalista se levantó temprano y se llevó al águila a lo alto de una montaña. Allí, se colocó al animal encima de la cabeza y le volvió a decir:

- Eres un águila. Pertenedes tanto al Cielo como a la Tierra. Ahora abre tus alas y vuela.

El águila miró a su alrededor, al corral y al cielo. Empezó a temblar y, suavemente, despegó las alas. Con un grito triunfante, empezó a flotar en el aire.



Quizá el águila todavía se acuerda, con nostalgía, de los pollos; puede que incluso baje al corral a verlos. Pero, que se sepa, nunca ha regresado a esa vida. Era un águila, a pesar de haberse visto retenida y alimentada como un pollo.

Atrévete a descubrir quién eres, tu propia identidad.
No permitas que te nadie te haga ser lo que tú no eres.


lunes, 21 de marzo de 2011

LA LEYENDA DE NARADA... Y TÚ QUE OPINAS?



Érase una vez que en  algún rincón de esta Tierra, había un reino.

Era el más maravilloso reino existente. Se llamaba el Reino de los Simples.

En este reino, vivían grandes Maestros muy instruidos y artesanos muy poco cultivados. A esta Tierra maravillosa llegaba un majestuoso río. La armonía y el respeto reinaban en el lugar y algunos seres conseguían, desarrollando  la fuerza mental, llegar a dominar los Cuatro Elementos. Algunos incluso podían detener la puesta de sol, otros jugaban con las energías del viento, otros hacían llover y así, entre todos, fabricaban, con la única ayuda de su poder mental, todo lo que deseaban.

En este país vivia un gran Yogui que era capaz de todas las proezas con los Cuatro Elementos. Permaneció joven mientras duraron su fuerza mental y su motivación. Se comenta, que de vez en cuando, un Ser de Luz de gran belleza visitaba el lugar. Y le pusieron de nombre: el muy venerable sabio NARADA. Se decía que viajaba de un planeta a otro y que hablaba directamente con Brahmán: Dios.
Un buen día, este honorable sabio se dio cuenta del estado de conciencia que reinaba en esa Tierra. La primera persona que se encontró fue un Yogui con grandes poderes.
El Yogui lo reconoció enseguida y le dijo:

-Oh, gran venerable Maestro, tú que eres bien amado en el corazón de Brahmán. ¿Puedo hacerte una petición?
-Claro, respondió Narada.
-¿Puedes preguntarle a Brahman cuántas vidas me quedan en esta Tierra, para salir de la rueda de los renacimientos?
-Sí, se lo preguntaré si lo veo. Respondió Narada.

Narada continuó su camino y a lo lejos vio a un viejo campesino que trabajaba la tierra, y le dijo:

-Mi viejo amigo, ¿no estás cansado de seguir trabajando a tu edad?
El viejo se levantó y comprendió que quien le acabada de hablar era Narada. Y le respondió:
-Sirvo a mi señor, venerable Maestro. Sí, mi cuerpo está cansado. ¿Puedo pedirte un favor?
-Dime. Respondió Narada.
-Como mi cuerpo está ya muy castigado, puedes preguntarle a Brahman, mi Dios ¿cuántas vidas me quedan en este nivel de existencia?
-De acuerdo -respondió Narada, visiblemente emocionado por aquel hombre tal humilde-. Ese señor llevaba más de ochenta años de duro trabajo a sus espaldas.
De este modo, Narada dejó la Tierra regresando cuarenta años después.
La primera persona que se encontró fue a Yogui, éste continuaba manteniendo una apariencia serena y magnífica. Tenía más de mil años. Se había convertido en maestro de casi todo y poseía el secreto del elexir de la larga vida. Podía regenerar su cuerpo y protegerlo de la enfermedad, pero eso le quitaba toda la energía así que, durante toda su vida,  no se ocupó de otra cosa que no fuera de él.
Al ver a Narada le preguntó:

-¿Has visto a Brahmán?
-Sí -respondió Narada-. Y esta es su respuesta: tienes suerte, sólo te quedan tres vidas para liberarte totalmente.

El Yogui creía que había alcanzado la cima de la gloria y, al escuchar aquello, se levantó y le gritó a Narada:

-¿Tres?  ¡A través de todas mis privaciones he conseguido el secreto de la juventud eterna y todavía tengo que vivir tres vidas más! ¡Jamás! ¿Me has oido?.

Sin embargo, aquel exceso de cólera le hizo perder la maestría que con tanta paciencia había conseguido a lo largo de los siglos y se desintegró en el campo.
Narada continuó su recorrido, encontrándose en el camino al viejo campesino. Cuando vio a Narada, el hombre empezó a sollozar, emocionado de volver a ver a su venerado y bien amado Narada.

Narada le dijo:

-Veo que sigues aquí, ¿cómo te encuentras?
-Muy cansado -respondió el viejo-. ¿Tienes la respuesta de mi pregunta a Brahmán?
-Sí, amigo mío - dijo Narada-. Esto es lo que me ha dicho que te transmita: mira ese gran árbol (un majestuoso sauce con millones de hojas). Te quedan por vivir tantas vidas como hojas tiene el árbol.


Sin decir nada, el hombre se arrodilló y murmuró una oración:

-Oh, Dios en quien he depositado toda mi confianza; te doy las gracias, a pesar de lo viejo que soy, por darme tantas oportunidades para servirte; que cada una de esas hojas sea para mí una fuente de gracia.

Y en ese mismo instante, una violenta ráfaga de viento arrancó todas las hojas del árbol...

Entonces, en el interior del viejo campesino, una voz dijo:

-Desde este momento, eres libre, hijo mío.

El viejo se desvaneció antes los ojos de Narada para transformarse en una radiante luz.
............................

PERMITE QUE TU CORAZÓN TE GUIE
EN LA INTERPRETACIÓN DE ESTA LEYENDA.

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